por encima de la vida y de la muerte

WallsOfBlvd.

“Yo miro dónde no hay,

tú observas para encontrar,

ellos callan logrando entender.

Construyendo la caída de Troya.

LastBlueRose

Intentos sordos por gritarme los días,

aquí hay cristales que suspiran mis muertes,

¿me he salvado acaso?

sola

una rosa ha caído de mis venas

lágrimas corren un océano de penas,

los cuadros pintan los sueños de una vida ausente.

 

I

A donde tras tus ojos,

hay una sonrisa llena de amor.

II

No te engañes de olvidos siquiera

observa

galaxias de rosales por nuestro amor

bajo el árbol del Oro y la Plata

instantes de contemplación eternos para mí

es la fuente de un compromiso tan acusado.

III

No me culpes de indiferencia

al acoso sentimental

quizás llegabas al final de todas las cosas

llévame a dónde cada final donde sea la apertura.

  Sin cubrir los agujeros de mi ausencia.

th_A16917

InTheShadowofDeath

Sensación de miedo asfixiante; sueños en el recinto de torturas… la vieja recorre mi cuerpo con hierbas como quien prepara la ceremonia final. Palabras, encaro su crueldad contra mi entonces inocencia.

Escucha una anciana cuya descendencia es enemiga.

Mientras los recuerdos de la ceremonias rojas brotan desde las palabras ajenas a mi desesperado padre.

Se aleja la vieja, como quienes a sus oídos sordos y corazones vacíos cubren de recitales.

Renunció a los intentos de explicar.

Fin de la pesadilla.

Risas de la anciana, y la sensación de realidad latente en la habitación como memorias de una muerte programada.

AfterGoldRush

6216ba5fa172b9b2e56193b517696836

I

Me entrego a la caída,

uniendo silencios,

construyo mi propio altar,

en ceremonias de soledad,

canto a mi muerte.

En el ojo del huracán

neil_collage copia_2

 

Hace ya más de veinte años que escuché tu unplugged, Neil, por primera vez. Tenía veintiuno,  justo estaba en el ecuador de lo que hasta ahora ha sido mi vida. Te descubrí por casualidad una noche de veraniego insomnio, explorando el dial de mi walkman, aunque la casualidad no existe y tú, Neil, entraste en mi vida como un huracán.

 

El pasado Sábado por fin tuve la oportunidad de tenerte de frente, cara a cara, quería pedirte una explicación de mis crisis existencialistas, mis depresiones, ¿por qué me abriste los ojos Neil?, podía haber sido feliz sumido en la ignorancia, sin tomar conciencia de la muerte sin darme cuenta de mi soledad, sintiendo la existencia de las drogas como un mundo lejano, exótico e inalcanzable para los seres comunes o siendo insensible a la injusticia social y a la idea de que unos pueblos  pueden exterminar a otros. A esa edad, a mí, que siempre había sido niño bueno y formal, me metiste en la cabeza la idea de que más vale quemarse que oxidarse  como Johnny Rotten. No me extraña que Kurt se pegara un tiro.

 

Pero lo que nunca te perdonaré Neil, es que me descubrieras que el verdadero amor es como un huracán, y que unos ojos inocentes, se pueden convertir en fuego y arrastrarte hacia los más dantescos infiernos emocionales. A mí Neil, a mí, que tenía las ideas más románticas y convencionales sobre el amor. Y sabes lo peor, Neil, que tenías razón.

 

Y allí estaba yo, en el barrio de San Fermín (quien me iba a mí a decir que tocarías allí), como el más devoto de tus adeptos, buscando un lugar en las primeras filas, entre la multitud de incondicionales que habían llegado de todos los rincones solo para rendirte culto. En el fondo, lo hacía para darte las gracias, por haberme revelado la verdad, por haberme hecho mirar cara a cara la realidad de la vida. Y lo quería hacer mirando de frente tus viejos ojos de superviviente y con la vaga esperanza, de que en algún momento se encontraran con los míos y saltara una de esas chispas, que son capaces de hacer surgir la vida en la más inerte de las materias.

 

¿Y qué hiciste tú, Neil? Te sentaste en tu piano acústico de madera y me señalaste la luna llena, como si de un conjuro se tratara y, como si fueras un ser sobrenatural, que llegado desde el espacio exterior en tu platillo volante y lo supieras todo, comenzaste a tocar los acordes de After de gold rush, abduciéndonos con tu voz melódica y a base de notas musicales, que suavemente nos hacían levitar sobre el escenario, ausentes de todo mundo. Era como si estuvieras por encima de la vida y de la muerte.

 

Y ay cuando te enfundaste la black epiphone, cuan arma de guerra mortal, ya estábamos entregados a tus pies. A base de potentes descargas eléctricas y esa distorsión tan peculiar, nos fuiste preparando para el golpe final, que fue el punteo eterno, improvisado en Down by the River, que casi hace levantarse de su tumba al mismísimo Jimmy. Entonces nos mostraste el secreto de la vida, entonces nos dimos cuenta que habías tomado el elixir de la eterna juventud.

 

Y terminaste con otro punteo interminable en Rocking in the free world, enseñándoles a tus jóvenes músicos quien es el maestro, quien manda guitarra en mano. Nunca te perdonaré esa sonrisa, Neil, que lanzaste al final, satisfecho, seguro de ti mismo, crecido, demostrando que  una vez más te habías salido con la tuya. Pero como no te voy a perdonar. Habías penetrado como un rayo láser en las mentes y en los corazones de las gentes con tu música y las letras de tus canciones, y ahí pobre, del que viniera allí por primera vez, porque quedó totalmente desvirgado, con el alma violada e indefenso.

 

Muchos te daban ya por desahuciado, pero te mostraste eterno, como lo es tu música y lo será por siempre, porque Rock and roll has never died”.