WallsOfBlvd.

“Yo miro dónde no hay,

tú observas para encontrar,

ellos callan logrando entender.

Construyendo la caída de Troya.

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LastBlueRose

Intentos sordos por gritarme los días,

aquí hay cristales que suspiran mis muertes,

¿me he salvado acaso?

sola

una rosa ha caído de mis venas

lágrimas corren un océano de penas,

los cuadros pintan los sueños de una vida ausente.

 

I

A donde tras tus ojos,

hay una sonrisa llena de amor.

II

No te engañes de olvidos siquiera

observa

galaxias de rosales por nuestro amor

bajo el árbol del Oro y la Plata

instantes de contemplación eternos para mí

es la fuente de un compromiso tan acusado.

III

No me culpes de indiferencia

al acoso sentimental

quizás llegabas al final de todas las cosas

llévame a dónde cada final donde sea la apertura.

  Sin cubrir los agujeros de mi ausencia.

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Sobre el amor

 Sigo encontrándome con mucha gente aparentemente cuerda que siguen confundiendo el estar enamorado con amar, el  querer a una persona con el estar obsesionado con ella, la dependencia fuerte con el amar intensamente. No sé cuántas veces una le tiene que decir a un colega que estar enamorado no es lo mismo que amar, amar se basa en la realidad del conocimiento del otro, del yo respecto a esa relación, y del crecimiento de ambos. Enamorarse es la ilusión no la realidad, pero no por ello debe ser despreciable ni evitable sino algo que hay que vivir sabiendo lo que es, sabiendo que es una pequeña locura que te llevará a la realidad del amor. Por supuesto que uno puede elegir no hacer caso de sus sentimientos. ¡Libertad ante todo! Uno es libre de decir que no al amor, a un amor en favor de otro, lo que sea, pero es libre siempre que sabe lo que hace. Querer es sentir apego, haber creado un vículo de cierta inensidad con una persona, es la amistad entremezclada con el enamoramiento en el caso de las parejas, no es amor porque no llega al conocimiento tácito del otro, uno puede querer a alguien y ser capaz de pensar en más asuntos que en su pareja, uno puede querer y no sentir que la ausencia momentánea de la otra persona se le torna insoportable porque no ha olvidado que al fin y al cabo son personas independientes, uno puede querer y encontrar normal que su pareja tenga otras relaciones de apego, uno puede querer y sentir dolor ante la ausencia del otro no a la mínima que se aleja un poco sino cuando se va, y también es sano pues se creó un vínculo de cierta solidez que es difícil de cortar de un día para otro. Uno puede querer a alguien con mucho miedo, y es cuando se correo el riesgo de llegar a la obsesión. También uno puede obsesionarse sin realmente querer a esa persona, pues el apego no lo tiene hacia la nueva persona pero ésta le despierta la esperanza de recuperarlo. Ahí es cuando la persona descubre su debilidad, los comienzos del amor le han mostrado una parte de su personalidad por desarrollar, las puertas se le abren para que descubra un nuevo camino de su ser, sin embargo, en lugar de solucionar ese problema, ahora visible, nos limitamos a agrandarlo, creando relaciones tóxicas, relaciones violentas o relaciones truncadas, repitiéndolas a lo largo del tiempo para luego ir dejando mensajes llenos de victimismo y rencor sobre lo malos que son unos u otros o el amor en general. No se hace lo suficiente por enseñar algo tan valioso como lo que es amar. La capacidad de amar, que es la capicidad más valiosa del ser humano, queda truncada por todos lados ante la ignorancia y el miedo a enfrentarse a nuestras debilidades, el apego queda estigmatizado y corrompido, creando seres truncados por todos lados.

Perder las formas

El tiempo que separa las imágenes de mi infancia con mi presente crece con el espesor de lo mitológico, crece tanto y de una forma tan profunda que me parece, a ratos, que se trata de uno de tantos relatos que dejé a medias. Me recuerdo en la formación de tipo militar en el patio de la escuela, con la mano en el corazón, con el rostro siempre en alto, mientras cantaba un himno que cuelga raído en los anaqueles de mi memoria. Después, marchábamos hacia las aulas para orar todos juntos antes de empezar las clases. Si llegabas tarde, cosa que a mí me pasaba frecuentenemente, nos tenían media hora haciendo flexiones y corriendo por el patio como castigo. En aquel lugar nos educaban para ser personas formales, rectas, educadas, respetuosas de la ley y amantes de la religión y la patria, futuros ciudadanos que mantuvieran el orden con severidad de una ciudad que sólo ha conocido el desorden.

A principio de curso unos compañeros eran elegidos para ser “policías escolares” y otros para brigadas de cualquier ocurrencia que nos enseñara el orden militar y político. Los policías escolares eran niños elegidos por su buen expediente y su buen carácter a los que se les daba el poder de ser unos chivatos, llevar ciertas distinciones y un palo blanco que cedían a los profesores cuando éstos se lo pedían para darnos pequeñas palizas educativas. La brigada de la limpieza se ocupaba de ordenar a los niños en fila y revisar que estuvieran limpios y con el uniforme bien puesto. Llevar el uniforme mal puesto era señal de descuido personal, falta de formalidad, falta de autoestima, una invitación al desorden. Yo siempre llevaba el uniforme mal puesto pero, por ironías de mi inconsciente, una vez me presenté para formar parte de la brigada de la limpieza. Todos creían que debía haberme presentado a policía escolar por mi notable expediente académico pero era tan evidente el contraste con mi personalidad soñadora, chistosa y un tanto autárquica que la ironía se me hacía consciente. Ser de la brigada de la limpieza era la versión light para saciar mi curiosidad por el poder. Mi deber durante unos meses fue el de revisar las uñas de mis compañeros, ver si llevaban la ropa planchada, mirar si tenían el pelo limpio, chivarme sin tenía roña en la piel  y en caso de que hubiera algo fuera de lo correcto, comunicarlo a mi maestra para que ella llamara la atención de la niña o niño en cuestión y posteriormente de sus padres. Creo que sólo el primer día me lo tomé medianamente en serio, después, en cuanto me esforzaba en mantener un rictus serio y en revisar a mis compañeros empezaba a reírme, a hacerles cosquillas y muecas para que no fuera todo tan serio y aburrido. La profesora me regañaba y de nuevo volvía a intentar ponerme seria mientras cacheaba a mis compañeros para empezar paulatinamente a dibujarme una sonrisa pícara y continuar con una risa que siempre contagiaba. Cuando acabó el curso acabó mi cargo, no me volví a presentar a ningún otro, tampoco me lo propusieron, asumí que yo no estaba para guardar las formas, ni las mías ni de las de nadie. Después de esos años en aquel colegio, rechacé todo orden, toda formalidad, todo lo que me recordara a esas mañanas estrictas donde no se me permitía imaginar ni reír. Tras una fuerte opresión algunos tendemos a irnos a lo opuesto, y cuando la reacción opuesta se alarga demasiado, sin valorar con objetividad las cualidades de todos los puntos de vista, empieza a dar lugar una tiranía del caos.  Algo de razón había en esa escuela de corte autoritario y dogmático, algo que me costó mucho tiempo asumir , y ese algo es lo que bien conocemos por la teoría pero poco ponemos en práctica, y es que no podemos vivir sin las formas, transgredir y evolucionar lo viejo es el deber de los jóvenes, pero sólo se evoluciona verdaderamente hasta que se le da una forma inteligente y se la lleva a cabo (con disciplina, conocimiento y cierto orden) y se asume sus limitaciones y se vuelve a transgredir y evolucionar. Desde la política hasta el arte, desde el desarrollo personal hasta la historia de la humanidad, todo funciona así.

Pero hoy en día nos hemos quedado estancados en el momento de transgredir, y buscamos destruir sin proponer qué construir, sin saber, y no hablo en tono metafísico, ni de dónde venimos ni a dónde vamos. Nos creemos rebeldes, pero  nos dejamos llevar por las corrientes ya formadas por otras mentes, hasta las corrientes de destrucción del opresor no están libres de intereses de diversos tipos que nuestra ilusión, que nuestra fe en que algo quede libre de mácula en este mundo nos impide ver. Lo siento, no es así. Si uno no piensa por sí mismo y actúa en consecuencia, con gran esfuerzo, disciplina y valor, y da formas  y las reformula una y otra vez, descubriendo y redescubriendo el entramado de formas que son mentiras e ilusiones ,pero con pistas sobre la realidad, para todos los gustos y para todas las suspicacias, corremos el riesgo real de quedarnos atrapados en esta luz de lámpara anti-inconformistas que es la rebeldía sin causa definida.

Perder las formas es bueno muchas veces, la psique se enferma en una rigidez perenne, necesita la holgura y la transformación, pero en algunos asuntos de la vida hay que tener cuidado e inteliencia para saber hacerlo.

GIRL of UNIVERSE

Me va clamando el cielo

                 esta ausencia en otra Tierra,

 

partí [dos] mis días por venir,

                      ¡oh estos destinos tan míos!

-Mucho antes de tu marcha,

ya te habíamos perdido – dijo tan triste.

 

Dónde clama mi corazón.

 

Nostalgia

La tintineante voz de Cindy Lauper suena en el café. Time after Time. Desde la cristalera, puedo contemplar los carteles de neón de los establecimientos, alternándose en una secuencia rítmica, como un latido hipertenso que llena de vida mi barrio de la infancia. Un hombre en bicicleta cruza la avenida principal de Chinatown. La luz de las farolas tiñe el paisaje de un pegajoso amarillento. Hombres y mujeres orientales caminan en todas direcciones con paso vacilante, pero seguro.

En la mesa de enfrente, una pareja sonríe mientras conversa. La clientela se muestra animada, alegre, dinámica. Volviendo la mirada hacia el otro lado del cristal, me veo sumergido en un baño de recuerdo. Mi hermana adolescente, mis padres maduros y vitales, mi abuela con su entonces inapreciada sabiduría. Cindy calla y se puede escuchar a las jóvenes camareras hablando en su inteligible idioma.

Ahora es el turno de Tears for Fears, Everybody Wants to Rule the World. Gordon Strackham aparece en mi mente vistiendo la camiseta de los Glasgow Rangers. Con una velocidad de vértigo, sale de dos regates imposibles dentro de la televisión Grundig serie oro que presidía el salón, ante los eufóricos aspavientos de mi padre, que contemplaba la escena de pie, mientras se quitaba su mono azul de trabajo. Éramos una familia ¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho con mi vida? Treinta años después, me encuentro en este rincón, solitario, observando los posos de un descafeinado que yace inerte, abandonado sobre la mesa, viendo el pasar del tiempo, que pasa y pasa, sin remedio, en un ritmo frenético que acaba con todo, arrasándolo todo a su paso y sin conceder la más mínima tregua. Espero y espero y ¿qué es lo que espero? ¿Una mujer?, ¿Encontrarme a mí mismo, en una búsqueda sin rumbo ni destino, como un niño huérfano que jamás pierde la esperanza? ¿O el tiempo perdido que nunca volverá?

La música cesa y de fondo, se puede oír el murmullo multicultural. Me levanto del taburete y en apenas un paso, llego al mostrador.

– La cuenta por favor.
– Uno tleinta. Dice la joven camarera, recién salida de la pubertad.
– Aquí tienes.

Extiendo mi mano, ofreciéndole las monedas. Ella se limita a mirarme, sin parar de sonreír, marcando firmemente sus dientes superiores, como un personaje de cómic que, entre lo simpático y lo grotesco, cruza la tenue cortina que lo separa de la realidad. Con un golpe suave, dejo las monedas en el mostrador de madera.

-Glacia.

Salgo a la calle. Me quedo parado un instante delante de la puerta del bar. Finalmente, decido caminar. ¿Hacia dónde? No importa. Voy sin rumbo por las calles. Camino y camino, por inercia, observando las gentes, los escaparates, las luces, sintiendo el frío de la noche de Febrero. Stephen Hawkings viene a mi cabeza. Ahora es el turno de Punset y de las noches de Domingo, en las que en la penumbra de mi habitación, me transportaba hacia los rincones más ocultos de mi ser.

Me paro frente a la ventana de Marta. Me doy cuenta que ella ya no vive alli. Doblo la esquina y paso por delante del portal de mi casa familiar. Pienso en llamar al telefonillo, pero es tarde y mi madre se puede asustar ante la inesperada visita. Decido continuar, navegando a la deriva en la entropía de un océano de tiempo. Llego a casa. Nadie me espera. Este es ahora mi destino.

Al otro lado del yo.

Iba por el parque buscando la perfecta combinación de voces y luces, iba recortando escenas, retorciendo sombras, exprimiendo temblores, jugando a enredar el misterio en los hilos gastados de mi córnea. Todo como suele ocurrir corría, el frío, el desmayo, los pájaros esquivos, el crugir de las hojas bajo mi paso…Las gentes pasaban como manchas abstractas de un pincel impresionista mientras yo creía estar en mí más que nunca, disfrutándolo. Pero, como fruto de un rayo, la autocomplaciencia cayó, y me hallé con el hambre derramándose de los ojos. Miré hacia mis extremidades y allí estaban, lass manos que eran mías, pequeñas como hechas de arena sonrosada, y mis zapatos cubriendo mis pies, que puestos sobre la tierra parecían querer confirmar que estaban puestos sobre alguna certeza esperando, esperándome, esperando el próximo movimiento de la partida. Como preguntándome “¿Y ahora qué?”. Pese a tener la conciencia de que la quietud antes del movimiento es algo natural y cotidiano me molestó histericamente pues lo sentí como una orden que no podía burlar. Con furia di una patada a las hojas de las que escapó, contra todo pronóstico, una mariposa roja y naranja, de vivo color,  de proporciones atávicas, carnal y quimérica, de éxotico terror, casi monstruosa. Y ella revoloteaba hipnótica sin temor alguno como un cirio en la penumbra de mi silencio. Y yo no era más que una roca, una estatua de preguntas enmudecidas. Y yo, que no corro cuando hay que correr, y me quedo cuando no hay que quedarse, permanecí imóvil, fascinada y temblorosa, rendida a su revoloteo críptico en torno a mí, con los ojos dolorosamente abiertos. Tras unos revoloteos más se fue perdiéndose en la noche de los árboles, devolviéndome el aliento y el ruido a cuenta gotas. Y me quedé pensando, ahí mismo, y un poco riéndome como una idiota, pues tan simbólico y profundo era lo imposible que era mucho más real que yo.

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InTheShadowofDeath

Sensación de miedo asfixiante; sueños en el recinto de torturas… la vieja recorre mi cuerpo con hierbas como quien prepara la ceremonia final. Palabras, encaro su crueldad contra mi entonces inocencia.

Escucha una anciana cuya descendencia es enemiga.

Mientras los recuerdos de la ceremonias rojas brotan desde las palabras ajenas a mi desesperado padre.

Se aleja la vieja, como quienes a sus oídos sordos y corazones vacíos cubren de recitales.

Renunció a los intentos de explicar.

Fin de la pesadilla.

Risas de la anciana, y la sensación de realidad latente en la habitación como memorias de una muerte programada.

A veces fantaseo con hacer guardia en rincones oscuros a la espera de los delincuentes, de los violadores, de los asesinos, torturadores de animales, etc., para pillarlos antes del crímen y detenerlos. Como una súper heroína que lucha por evitar el crímen de todas las formas imaginables, desde pillarlos in fraganti hasta el llevar a cabo medidas psicológicas e educacionales desde el punto de partida, el nacimiento.  He reconocer, también, que las personas violentas, antisociales, psicópatas, me producen una curiosidad científica y humanista difícil de expresar, tal vez por ser consciente de que no estoy tan lejos de ellas y que, sobre todo, son más las cuestiones del azar las que nos han separado. Si tuviera una visión remota, además, una fuerza sobre humana, una palabra poderosa, telequinesis, telepatía… sería la leche. Me lo paso en grande imaginando historias en un mutismo tan enfermo como sano. Si no tuviera esta pereza azul, este carácter tímido y derrotista, si me arrancara el miedo de un cuajo de la garganta, tal vez, tal vez…podría hacer algo. Dirán que es posible, pero harto difícil cuando las cadenas de la costumbre te sujetan al desierto atrofiando tu voluntad. Dirán que no queremos y tendrán en parte razón y no. Actualmente me hallo lejos de esa simpática fantasía,  me defino por mi celda  y me río de mis pasiones. Me dejo arrastrar por la riada sin tomarme demasiado en serio los fantasmas de un corazón vejado. Fruto de una generación lastimosa, caprichosa, lacerada por la nada, víctima de símbolos prostituidos, me comporto coherentemente con la incoherencia, vacilando siempre, reconstruyendo el engaño día tras día, con el peso de recordar que esta llama existe, arde y brilla, antes de que tuviera miedo a la oscuridad. Dirán que no queremos pero yo quiero, de alguna forma quiero, sólo que no sé cómo arrancarme “el no”.

 

AfterGoldRush

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I

Me entrego a la caída,

uniendo silencios,

construyo mi propio altar,

en ceremonias de soledad,

canto a mi muerte.