cementerios

Fragmentos de Madrid

IMG_0945IMG_0953IMG_0948IMG_0943IMG_0960IMG_0958IMG_0959

IMG_0981

Insoportablemente azul

mi cráneo

en un jardín de estatuas,

con el silencio

repleto de campanas.

La luz aúlla

una hoguera

de alas

en las rosas oscuras

de mi bala.

¿Qué sabe el hombre

de la sangre

que hay sobre el azar?

No sabe nada.

¿Qué sabe el diablo

de la soledad?

No sabe nada.

Y yo

tampoco recuerdo

mi cara.

La muerte vuela

con sus alas de espejos

entre las rosas pálidas

 y es tan hermosa,

y es tan mía,

que no he sabido

llorarla.

Anuncios

Visita casual al Cementerio De Carabanchel Bajo

2016-05-02-03.41.37-2.jpg.jpg

Me giré en una esquina en donde un cartel grande ponía en letras blancas sobre fondo rojo “Reconcíliate con Dios”. Llevaba unos días pensando sobre mi muerte, la veía como una risa huidiza casi inminente , e interpretándolo como una señal decidí obedecer a la casualidad y adentrarme entre las flores a reconciliarme conmigo por si las moscas.

2016-05-02-03.41.51-2.jpg.jpg

Bajo un azul puro un cuadro de puntillismo vivo se mecía en un oleaje solemne.  La  mala hierba florecida llenaba los terrenos baldíos de voces verdes, de la urgencia metálica de los insectos, de blancos ojos volátiles. En hélices el aire liviano jugaba con el futuro y con mi pelo, y las amapolas parecían dulces gotas de sangre.

 2016-05-02-04.20.43-1.jpg.jpg

Herida sonámbula

entre flores silvestres

/en susurros/

¡Aquí!

¡Aquí!

/silencio/

Hay un diablo

que llora

al filo de una amapola,

un diablo que llora

como un eco del sol

/en susurros/

¡Allí!

¡Allí!

/silencio/

El oro inunda

de caireles salvajes

al homúnculo

y el viento

entona las ruinas

de mi religión

/en susurros/

¡Allí!

¡Allí!

/silencio/

Hay un diablo que llora

al filo de una amapola

/Flecha de aire/

¡Ay!

Hay un diablo que llora

y retumba

en mi corazón

Después de un fragmento de tarde, desembarqué de mi embriago de flores en la otra orilla, donde había una iglesia, que resultó ser la Ermita de Santa María la Antigua de estilo románico-mudejar y, por lo visto, la más antigua de Madrid. Está adosada al muro del Cementerio de Carabanchel Bajo, levantados sobre tierras que han sido pobladas desde el tiempo de los carpetanos. Según la tradición cristiana, acaecieron allí el milagro del lobo y el de la hogaza de pan perpetuados por el patrón de Madrid, San Isidro Labrador.  A la puerta de la ciudad de los durmientes había una placa recordando a los jóvenes carmelitas asesinados en el fatídico 1936 y que por error el ayuntamiento había retirado recientemente,  hecho que había indignado a bastante gente y que al final se reparó recolocando la placa aduciendo a un error. Pero hay quien no se lo tomó como tal. No sé si fue una cosa u otra, ciertamente, pero sé que la memoria histórica está para recordarnos que no hay ninguna ideología que se libre del sentimiento de venganza (por diferentes causas) y la violencia que ésta conlleva, porque antes que parroquianos de una ideologia o corriente de pensamiento somos todos humanos, demasiado humanos (wink, wink), seres perdidos en el laberinto de nuestra propia mente.

Por supuesto decidí entrar, pocas cosas más divertidas hay que ponerse a bailar con la casualidad.

2016-05-02-03.32.37-1.jpg.jpg

Por la ciudad de los muertos las hijas de Belcebú volaban desdesperadas de un lado a otro rozando mis oídos con sus mecánicos cantos. Huía alborotada levantando mis brazos pero estaban por todos lados y pese a que me incomodaban en suma seguí merodeando entre las tumbas curiosa.

2016-04-27-08.37.48-1.jpg.jpg

2016-04-27-08.39.28-1.jpg.jpg

Precioso detalle

2016-04-27-08.39.29-1.jpg.jpg

2016-04-27-08.41.48-1.jpg.jpg

2016-04-27-08.41.50-1.jpg.jpg

2016-05-02-04.11.23-2.jpg.jpg

2016-04-27-08.42.11-1.jpg.jpg

El cementerio suele ser un lugar tranquilo, la ciudad está llena de ruido y no encuentro menos dolor en el ritmo de la vida que en el descanso de la muerte.

2016-04-27-08.42.06-1.jpg.jpg

2016-04-27-08.42.10-1.jpg.jpg

2016-04-27-08.41.58-1.jpg.jpg

Siempre me han fascinado las tumbas antiguas, con esos nombres como Bonifacio, Rufino, Eleuterio, Primitiva, Tecla, Perfecto Zapatero, ¿Superancio?…

Siempre me han fascinado las esculturas de granito o marmol de ángeles sumidos en una  tristeza insondable. He conocido vivos que se parecen a los ángeles de los cementerios.

2016-04-27-08.55.46-1.jpg.jpg

2016-04-27-08.42.00-1.jpg.jpg

Las tumbas de los gitanos son inconfundibles entre la mesura de los payos, con sus ramos de flores coloridas compradas en bazares asiáticos casi sepultando las tumbas.

Cada tumba delata las clases sociales de la vida que dejaron, del tiempo que vivieron, de los dogmas que les aprisionaron. Algunas dejan entrever un dolor muy grande, como las tumbas de los niños, los muertos en guerras entre hermanos o esas lápidas con fechas entre las que sólo hay una diferencia de veintiocho años, por ejemplo.

2016-05-02-05.02.09-1.jpg.jpg

Cuando vives casi nunca recuerdas que vas a morir, al menos conscientemente, como si fuera terrible y venenoso hacerlo. La muerte es un tabú, no se habla de ella sino para aconsejar cómo evitarla, a los niños se la presenta vestida de eufemismos, los jóvenes en su mayoría  se sienten casi como inmortales o la anhelan con sentimientos ambivalentes y los adultos esperan, en su mayoría, que tarde un buen puñado de años en llegar. Pocos piensan que tal vez mueran a los treinta. El temor a la muerte es la cara oculta de casi todos nuestros actos; los celos, el arte, los enamoramientos, los bautizos, la ambición, la religión, el materialismo, el capitalismo, la crueldad… Sin embargo en cada segundo mueren miles de personas en el mundo, cada segundo pasan del ser al no ser y viceversa, disgregandose en mil cosas diferentes. Actualmente los científicos han descubierto que nuestro cuerpo tiene diez años, tengamos diez o sesenta, el total de células de nuestro cuerpose regenera cada diez años (otra cosa es que lo hagan bien) a excepción de las neuronas que sin embargo pueden seguir reorganizándose en diferentes geometrías según las usemos. La chica que fui hace una década, la niña que fui hace dos no existe ya pero han contribuído a la mujer que soy,  la mujer que muere y nace constantemente. Tal vez igual pase con el cosmos, un día la materia de los sueños adquirirá otra forma, y el dios que somos se perderá en el caos para tornarse en una incognita medida en otro cosmos. No es tan terrible pensar en este frío, todos deberíamos hacerlo desde la cuna, yo lo pondría como asignatura escolar. Sin embargo no voy a negar que en aquel cementerio tenía algo de miedo ( insólito puesto que soy una asidua a los cementerios) un miedo supersticioso, un sentir primitivo, pues intentando reconciliarme conmigo misma, presa de mi hipocondría, había acabado allí.