Madrid

Fragmentos de Madrid

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De la jaula huyen las alas.

Las bolsas siempre quieren ser medusas.

¿Lo sabes?

Eres la número uno.

Lo dice el gris asfalto donde resbalas.

Baile aéreo de amor inerte.

¿Qué piensas?

Nunca llegaré a vieja.

Quién sabe.

Pero aún ruge la sangre

siluetas complejas.

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MadCool: madrid, melómanos y modernos

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Mi hermana en el MadCool

La primera vez que fui a un festival de música tenía dieciséis años, iba acompañada de mi hermana y de mi madre, no era cualquier festival, era el FIB, y no aspiraba a nada menos que a estar en primera fila en el escenario principal hasta el último concierto y si para ello tenía que pasarme horas de pie bajo un sol que incidía con saña, tener sed para no perder el sitio (hay mucha peña roba-sitio aunque alguien esté guardándotelo) y terminar con dolor de piernas lo hacía sin dudarlo. Amaba la música y no concebía que alguien fuese a un festival sin esa entrega y emoción.

En mi segundo festival, cuando tenía diecinueve años, descubrí con gran decepción que la gente iba más a lucirse y a ligar que a disfrutar de los grupos que decía admirar. Cuando he visto un concierto de un grupo que me gusta me he sentido tan viva, tan vibrante de emociones, que no puedo entender cómo hay quien prefiere charlar de banalidades en ese momento.

Bueno, voy al grano, ahora en 2016, en el presente mes de Junio volví a un festival, la primera edición del Mad Cool. La razón principal  fue The Who, grupo que a

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Milky Chance

dmiro desde que era adolescente y que necesitaba ver antes de que la llorona se los lleve (ya me he perdido a  mi Bowie para siempre, no me voy a quedar sin ver a estos mitos vivientes del rock).

Llegué tarde, a eso de las siete, por problemas laborales. Los vagones del metro iban repletos del tipo de gente que no va normalmente a San Fermín- Orcasur. Melenitas indies, modernos, y chicas con flores en el pelo se intercalaban entre la típica gente de barrios obreros. Un melenudo canoso sobresaliendo de la multitud dijo:
“Hoy a ver a los Who ¿eh?” a lo que un joven contestó “¡Eso parece!“.  De la salida del metro al festival había un tramo donde la gente hacía botellón o se tomaba una caña en un bar de viejos. Al cabo de unos minutos llegamos, no hice colas aunque no estaban los sitios debidamente señalizados para que no tuviéramos que preguntar cada dos tres. Soy de una timidez patológica, pero si es por pillar sitio para ver bien a mis vejestorios favoritos (después de mis padres) pregunto a quién haga falta . Fuimos corriendo como alma que lleva el diablo al escenario, en el camino vimos un puesto donde cambiar dinero por madcoins, pero había una cola como de veinte personas y preferimos pasar sed a perder tiempo sin pillar sitio. ¿Objetivo número uno? Pillar sitio. Al

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No está mal el chico

final encontramos el escenario vacío (escenario precioso pintado por Rebeca Khamlichi y Lula Goce) con cuatro fanáticos esperando bajo al sol apoyados en las vallas. Me percaté de no estar en el escenario correcto por un prejuicio con los fans de The Who, sus fans suelen ser viejos o mods y los que esperaban no lo parecían. Mi hermana dijo “Es verdad” y nos fuimos al otro escenario grande donde ya vimos a un inglés de pelo níveo y camiseta de un concierto reciente de The Who en Wembley. Estábamos en el lugar adecuado. Allí tocaba Milky Chance, un duo de dos alemanes que aglomeraba a los más jóvenes y lo más cool del festival. De ellos sólo conocíamos Stolen Dance, canción pegadiza donde las haya  hecha de anhelos de amor, de baile y humo.

Cuando acabó, empezó en el otro escenario al aire libre a sonar Lori Mayers. En un momento se les oyó decir algo así como: ¿Qué? ¿Estáis contentos porque esta noche váis a ver a los who, eh? Pues sí, colega, lo estábamos, otro día os veré a tope pero aquel día nanai. Aún así había gente devota de Lori Mayers. Como no se aglomeraba demasiada gente entorno al escenario me atreví a dejar a mi hermana cuidando mi sitio y darme unas vueltas por ahí y apreciar la fauna entre la música de los granadinos. Me emocionó ver a un hombre maduro llevar a otro en silla de ruedas, supuse que eran fans de The Who, de esos fans de toda la vida que disfrutarían como pocos pueden, con la nostalgia de otros tiempos y la alegría de seguir disfrutando en éste. Vi mucha gente charlando y tomando sus cervezas bajo el sol, haciéndose fotos, selfies, corros en el suelo, bailando…

 

Volví, ya había más gente aglomerada y ya no me moví más. La espera se aderezaba de imágenes de la  trayectoria de The Who . El público que me rodeaba era más bien de gente de treinta para arriba, había un viejo mod borracho cantando Behind blue eyes, un padre instruyendo a un infante en la religión del rock, cincuentones agarrados a su puesto en primera fila comoIMG_1123 garrapatas a las orejas de un chucho, guiris de la misma My generation de Pete Townshend y jóvenes solitarios de estética indefinida esperando silentes en un buen sitio ganado con esfuerzo, en fin, auténticos melómanos. En un festival de música siempre verás dos tipos de personas, los que van como quien va a una discoteca rollo hippie-moderno y los que van con el furor de la melomanía asumiendo ciertas incomodidades y sacrificios con tal de conseguir el objetivo, dejarse envolver por la magia de la música  y la magia de ver y oír a unos tipos que en la idiosincrasía de cada uno son unos símbolos, los símbolos de nuestra juventud, los que nos acompañaron en una etapa crítica de nuestra vida, los que nos descubrieron la música, los que nos recuerdan a un viejo amor. Con la añadidura de que es buena música, una música llena de sentimientos y reflexiones sobre la condición humana que en el caso de The Who salen de la mente genial de Pete Townshend, mente creativa e innovadora donde las haya.

IMG_1145Poco antes de que empezaran vimos el play list en los brazos de un trabajador del festival basado en el álbum The who Hits 50!, álbum que aúna sus cincuenta mayores éxitos por lo que prometía ser un concierto que no aburriría a nadie. A eso de las nueve y media empezaron con I can’t explain, y después no puedo explicar porqué todo fue un torbellino de emociones pero casi lloro con Behind blue eyes (mi canción favorita), con Who are you? ( en una crónica leí que la gente más joven decía al escucharla “Ey, la de CSI“, ja, ja, reconozco que yo también la conocí gracias a la primera temporada de CSI: Las Vegas, cuando me enamoré de Grissom y mi hermana era mod y vestía como una chica ye-ye), con My Generation, con Baba O’Riley , con Won’t Get fooled again (muchos conocerán la primera también por CSI pero la versión de Nueva York y la segunda por CSI: Miami. Cuánto bien ha hecho CSI a mi generación.) y con Love reign o’er me. En fin qué le vamos a hacer, soy una IMG_1152sentimental, pero no  la única, mucha gente ya adulta y hasta con canas estaba al punto del llanto histérico mientras estos divos, impulsores de la ópera rock, tocaban, incluso vi a un melenudo salir desmayado en los brazos de dos gorilas del festival. Es cierto que Pete Townshend y Roger Daltrey no están como estaban hace cuarenta años, (¡quién pudiera verlos en los setenta!, ¡viajes en el tiempo ya!), son ya unos abueletes y, aunque con mucha marcha, no dan el espectáculo de antaño pero siguen levantando pasiones y sobresaliendo sobre muchos grupos del presente. En un momento del concierto me di cuenta que comparado con ese momento el resto del tiempo a penas vivía, a penas sentía nada y me prometí buscar más experiencias que me indujeran a sentir igual de fuerte la vida.

Al acabar, yo ya iba entre nubes y polvo de estrellas, mi corazón tamborileaba como en una verbena y no cesaba de esgrimir entusiasmo (me drogo con mi propia intensidad) mientras en el otro escenario tocaba Garbage, grupo del que no sabía nada desde la adolescencia. Los vi de lejos y poco porque me tuve que ir, lamentablemente al día siguiente madrugaba. Me llamó mucho la atención que hubiese un espacio dedicado para que uno se hiciese buenos selfies (cosas de la postmodernidad).

Aquella noche me acosté con una sonrisa en los labios y el corazón hecho una cascada, ¿por qué no más momentos así? ¿por qué tantas horas vacías? La música había despertado pasiones que creía dormidas, y hasta me había dado un sentimiento de fuerza y renovación. Yo quiero una vida que esté llena de música y de todo lo que me hace vibrar, sin postergarlos al fin de semana, yo quiero una vida que esté llena de los tambores de mi corazón latiendo en alto, sin vergüenza, no una vida donde casi nunca ocurra nada.

Tres horas en la vida

IMG_0611 copiaEn el corazón de Madrid una estatua humana de Chaplin se derrite bajo el sol, Pluto y Mickey giran sus cuellos cual búhos reales ante una beldad de rojo, una muchachilla pide monedas casi muda bajo el toldo de un kiosko, hace calor, Peppa Pig ya no puede más, en la fachada del ayuntamiento los escudos del Atlético y del Real Madrid señalizan el próximo enfrentamiento futbolístico, una pareja de lesbianas se come la boca mientras un hombre de ochenta años las observa hurgáIMG_0615 copiandose con un palillo los dientes.  Los guiris descansan con sus pieles rosadas en torno a la vieja fuente, a la entrada de Preciados hay un espectáculo de raperillos que acapara la atención de los viandantes, un asiático cuarentón se distrae de su grupo para mirar cual perrito al que ya nadie quiere a unas alegres adolescentes de despreocupados andares que le ignoran como se ignora a las farolas, dos vagabundos junto a dos perros beben cerveza IMG_0628 copiaa ras del suelo, una  segurata tipo Xena la Princesa Guerrera, fuma un cigarro a la puerta de El Corte Inglés, los veinteañeros explotados por las oenegés son esquivados en cada vez más evolucionadas formas, a la entrada de la Plaza Callao los testigos de Jeohvá pasan el rato charlando sobre purés,  los jóvenes pasean sus melenas de colores de fantasía, sus cortes de pelo undercut han ahogado a la vieja normalidad. Van deprisa, a veces se paran para hacerse un selfie con o sin el artilugio de moda, “el palo selfie”  para luego reanudar el paso rumbo a los típicos lugares a donde va un alma jóven: la Fnac, Primark, Malasaña o los 100 montaditos. Corre una brisa tibia, pasa un hombre de geometría perturbadora, las pantallas de los edificios parpadean haciendo bailar productos de consumo masivo, los coches corren como ganado vacuno sobre las negras vías, los edificios de la Gran vía permanecen gigantes y autistas, y un tanto anacrónicos, una mujer con máscara de mono abraza a un tipo al que segundos después besa mientras otra mujer les graba, los perros paIMG_0649 copiasean sin querer comprender nada, pasa una ambulancia cuyo cantar se pierde más allá de Plaza España. Alguien muere. Al fin llega mi padre, nos sentamos al frente de la tienda de ropa juvenil de escasa calidad llamada Blanco, mi padre me cuenta cosas mientras yo hago fotos a la gente, no cesan de pasar señoras de cabellos moldeados que van a tomar la merienda en el Vips o en la cafetería de El Corte Inglés. Después de descansar un rato nos levantamos, vamos al Dia, está lleno de dorados guiris haciendo la compra, cuando salimos, en la puerta hay un yonki cantando alegre porque el negro que pide habitualmente allí le va a comprar una lata de Mahou. Bajamos por Leganitos, pasando por diversos comercios chinos, un restaurante árabe, una comisaria y un puticlub. En Plaza España nos sentamos a comer lo que hemos comprado, un grupo de asiáticos se hacen fotos con el anteriormente mencionado palo selfie, las palomas me merodean esperando mis migajas de bollería industrial, una pareja es fotografiada por un profesional mirándose a los ojos, en el banco de al lado dos turistas árabes pasan el rato, el hombre se levanta ofreciéndose a hacerles una foto a una familia que estaba intentando que saliera el monumento a Miguel de CervIMG_0661 copiaantes, mira el padre un tanto desconfiado al hombre voluntarioso pero al final accede, tal vez ayudó que la mujer árabe llevase en su mano un móvil inmenso y dorado. Bebemos unos refrescos que dicen que son como el veneno, en este planeta y en esta época, todo es un dulce veneno, lento megaazucarado pero eficaz. Después vamos al baño del parking de la plaza, bajamos por las escaleras perfumadas del olor de los vagabundos, en el baño poco antes de salir oigo tras la puerta a unos jovencitos bromear con echar un polvo rápido aprovechando la soledad de los servicios, salgo yo y al acto se separan riendo cada uno al baño de sus respectivos géneros. Pasamos por los comercios asiáticos que hay en el subterráneo, el bar chino tiene un olor muy fuerte a grasa, volvemos a subir por la escalera junto al camping gitano-rumano que se ha asentado sobre el cesped, bajo la sombra de los árboles,  cruzamos la calle, rumbo a Callao de nuevo, en Callao volvemos a ver la pareja que se hacían las fotos románticas de compromiso mirándose a los ojos, allí también están desmontando un stand de Seguros Santa Lucía, veo pasar a un adolescente con el pelo teñido como si fuese un abuelo de ochenta años, me despido allí de mi padre, IMG_0691 copiame dirijo hacia Sol, allí hay una huelga de hambre llevada a cabo por unos sindicalistas pidiendo el indulto de un tipo condenado a tres años por agredir al ex teniente de alcalde de Jódar en una manifestación en la que se reclamaba el acceso a los subsidios agrarios para los jornaleros. No tengo ni idea de cómo ha sido esa agresión para juzgar la dureza de esa condena. Hay un montón de botellas de agua y sacos amontonados mientras un hombre, ¿Diego Cañamero? daba un discurso. La multitud le oye curiosa, asintiendo con el seño fruncido. Caen lentamente, en un pozo, los colores de la tarde, me vuelvo a casa en autobús, estoy demasiado cansada para observar la fauna salvaje del metro. Esto de haber elegido un cuerpo tendente a la moral y encima de clase obrera no hace más que complicar el trabajo de campo. Sigo sin estar convencida de la idea de venir a estudiar  este mundo en lugar de estudiar el asombroso planeta Melmac ¿Cuándo leerá Alf mi solicitud de traslado?

Visita casual al Cementerio De Carabanchel Bajo

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Me giré en una esquina en donde un cartel grande ponía en letras blancas sobre fondo rojo “Reconcíliate con Dios”. Llevaba unos días pensando sobre mi muerte, la veía como una risa huidiza casi inminente , e interpretándolo como una señal decidí obedecer a la casualidad y adentrarme entre las flores a reconciliarme conmigo por si las moscas.

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Bajo un azul puro un cuadro de puntillismo vivo se mecía en un oleaje solemne.  La  mala hierba florecida llenaba los terrenos baldíos de voces verdes, de la urgencia metálica de los insectos, de blancos ojos volátiles. En hélices el aire liviano jugaba con el futuro y con mi pelo, y las amapolas parecían dulces gotas de sangre.

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Herida sonámbula

entre flores silvestres

/en susurros/

¡Aquí!

¡Aquí!

/silencio/

Hay un diablo

que llora

al filo de una amapola,

un diablo que llora

como un eco del sol

/en susurros/

¡Allí!

¡Allí!

/silencio/

El oro inunda

de caireles salvajes

al homúnculo

y el viento

entona las ruinas

de mi religión

/en susurros/

¡Allí!

¡Allí!

/silencio/

Hay un diablo que llora

al filo de una amapola

/Flecha de aire/

¡Ay!

Hay un diablo que llora

y retumba

en mi corazón

Después de un fragmento de tarde, desembarqué de mi embriago de flores en la otra orilla, donde había una iglesia, que resultó ser la Ermita de Santa María la Antigua de estilo románico-mudejar y, por lo visto, la más antigua de Madrid. Está adosada al muro del Cementerio de Carabanchel Bajo, levantados sobre tierras que han sido pobladas desde el tiempo de los carpetanos. Según la tradición cristiana, acaecieron allí el milagro del lobo y el de la hogaza de pan perpetuados por el patrón de Madrid, San Isidro Labrador.  A la puerta de la ciudad de los durmientes había una placa recordando a los jóvenes carmelitas asesinados en el fatídico 1936 y que por error el ayuntamiento había retirado recientemente,  hecho que había indignado a bastante gente y que al final se reparó recolocando la placa aduciendo a un error. Pero hay quien no se lo tomó como tal. No sé si fue una cosa u otra, ciertamente, pero sé que la memoria histórica está para recordarnos que no hay ninguna ideología que se libre del sentimiento de venganza (por diferentes causas) y la violencia que ésta conlleva, porque antes que parroquianos de una ideologia o corriente de pensamiento somos todos humanos, demasiado humanos (wink, wink), seres perdidos en el laberinto de nuestra propia mente.

Por supuesto decidí entrar, pocas cosas más divertidas hay que ponerse a bailar con la casualidad.

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Por la ciudad de los muertos las hijas de Belcebú volaban desdesperadas de un lado a otro rozando mis oídos con sus mecánicos cantos. Huía alborotada levantando mis brazos pero estaban por todos lados y pese a que me incomodaban en suma seguí merodeando entre las tumbas curiosa.

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Precioso detalle

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El cementerio suele ser un lugar tranquilo, la ciudad está llena de ruido y no encuentro menos dolor en el ritmo de la vida que en el descanso de la muerte.

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Siempre me han fascinado las tumbas antiguas, con esos nombres como Bonifacio, Rufino, Eleuterio, Primitiva, Tecla, Perfecto Zapatero, ¿Superancio?…

Siempre me han fascinado las esculturas de granito o marmol de ángeles sumidos en una  tristeza insondable. He conocido vivos que se parecen a los ángeles de los cementerios.

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Las tumbas de los gitanos son inconfundibles entre la mesura de los payos, con sus ramos de flores coloridas compradas en bazares asiáticos casi sepultando las tumbas.

Cada tumba delata las clases sociales de la vida que dejaron, del tiempo que vivieron, de los dogmas que les aprisionaron. Algunas dejan entrever un dolor muy grande, como las tumbas de los niños, los muertos en guerras entre hermanos o esas lápidas con fechas entre las que sólo hay una diferencia de veintiocho años, por ejemplo.

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Cuando vives casi nunca recuerdas que vas a morir, al menos conscientemente, como si fuera terrible y venenoso hacerlo. La muerte es un tabú, no se habla de ella sino para aconsejar cómo evitarla, a los niños se la presenta vestida de eufemismos, los jóvenes en su mayoría  se sienten casi como inmortales o la anhelan con sentimientos ambivalentes y los adultos esperan, en su mayoría, que tarde un buen puñado de años en llegar. Pocos piensan que tal vez mueran a los treinta. El temor a la muerte es la cara oculta de casi todos nuestros actos; los celos, el arte, los enamoramientos, los bautizos, la ambición, la religión, el materialismo, el capitalismo, la crueldad… Sin embargo en cada segundo mueren miles de personas en el mundo, cada segundo pasan del ser al no ser y viceversa, disgregandose en mil cosas diferentes. Actualmente los científicos han descubierto que nuestro cuerpo tiene diez años, tengamos diez o sesenta, el total de células de nuestro cuerpose regenera cada diez años (otra cosa es que lo hagan bien) a excepción de las neuronas que sin embargo pueden seguir reorganizándose en diferentes geometrías según las usemos. La chica que fui hace una década, la niña que fui hace dos no existe ya pero han contribuído a la mujer que soy,  la mujer que muere y nace constantemente. Tal vez igual pase con el cosmos, un día la materia de los sueños adquirirá otra forma, y el dios que somos se perderá en el caos para tornarse en una incognita medida en otro cosmos. No es tan terrible pensar en este frío, todos deberíamos hacerlo desde la cuna, yo lo pondría como asignatura escolar. Sin embargo no voy a negar que en aquel cementerio tenía algo de miedo ( insólito puesto que soy una asidua a los cementerios) un miedo supersticioso, un sentir primitivo, pues intentando reconciliarme conmigo misma, presa de mi hipocondría, había acabado allí.