poemas

Lo que me dijo el fantasma de tu cuarto

I

En el espejo siempre me extrañó no ver un monstruo.

Para volar de aquí me volé la cabeza.

Para volar de aquí me violé la tristeza,

me lancé de la certeza

de una orgía de torpezas prostituídas

por una risa pianística

de psiquiatra publicista,

me lancé de la crudeza

de un destino extraviado

de las manos de un abril

malabarista,

en una pirueta de luz ominosa

a la imagen y semejanza

de mi trinchera pecaminosa

subí a los lomos del desaire,

en aquella mañana de sangre,

en busca

del arrullo de la hierba septentrional

II

Marionetas pudriéndose al sol

son mis palabras,

las olas del apocalipsis en un hola

al vendedor de venenos

de mi aliento en la luna

de mi cuerpo perdido en el abismo

estelar

III

Un amor que nunca estuvo a la altura de mi llanto

me dejó un camino de perlas deformes

por el que llegar

a la sonata de las nubes

Un clamor que nunca estuvo a la altura de mi canto,

me llenó el bolsillo de arenas para seducir a las moscas

Fui el señor del vasto deshielo de los girasoles

IV

Pero nunca me fui de aquí.

Yo sigo en la cárcel de una pena

sin astros

y al mirarme al espejo

veo la estela de un vuelo

hacia muy lejos de mí.

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