sociedad adolescentizada

Eterna adolescencia

Cuando  me doy unos minutos para visitar instagrams o tumblrs entro en un mundo donde es evidente la escasa diferencia que hay entre la mente y los gustos del adulto y del adolescente promedio. En un cuadradito, una foto de Leonardo DiCaprio de joven (Ahora tiene arrugas, ¡qué asco! ¿qué importancia tiene que ahora, siendo cuarentón, haya ganado el oscar y no pare de hacer interpretaciones magistrales? Ninguna.), en otro, fotos de mis zapatos cool, un selfie, otro selfie, Winona Rider de joven (¿A quién le importa de vieja?), Angelina Jolie con catorce años (mi sensor de pedofilia echa chispas), otro selfie, más selfies (ni Narciso se miraba tanto), foto de mis amigos que tampoco piensan abandonar la adolescencia ni aunque cumplan ochenta, mi ropa, mi poster retro cool, selfie, una película que me gusta, un libro para que se note que no soy pura imagen (He leído a Foucault sólo para decir que he leído a Foucault), más selfies, mi look de hoy, una pintura que me flipa y así una caleidoscopía de infinidad de pedacitos de una adolescencia no superada. Cierro Instagram o Tumblr y digo al público invisible que me adora y que sólo vive en mi imaginación “Esto, señoras, es la posmodernidad y me da urticaria”.

tumblr_maegmlITFv1qc135jo1_r1_500Y es precisamente esa urticaria la que me delata ante el espejo del lavado cerebral. Me llamo Jacinta Pacheco y soy una eterna adolescente. ¿Cómo salir de este circo vicioso? Lo más fascinante del asunto es oír a mis coetáneos decirlo con orgullo, “Tengo treinta años y soy una eterna adolescente”, no sienten ese asco, esa náusea, ese picor arácnido que me entra al verme tan Oveja Dolly. Todos queríamos ser únicos cuando éramos adolescentes y hemos termino siendo la misma mierda con distinto vestido. De hecho somos unas caricaturas de mal gusto del adolescente que fuimos.

No todos son tan evidentes como los modernos pero todos estamos infectados. Me he encontrado hasta a supuestos intelectuales de más de cuarenta años presumiendo en sus redes sociales de que con su argumentario dejaron K.O a un escritor de renombre. Si pongo a mi primo de ocho años a su lado creo que resulta más maduro, menos fatuo y, desde luego, más equilibrado.

La postmodernidad, como la modernidad  sigue siendo más dura con las mujeres que con los hombres, ya que éstas deben imitar el cuerpo adolescente para ser consideradas bellas y admiradas, al hombre al menos se le exige un canon estético dentro de la adultez. En una sociedad que busca venderte hasta el aire la imagen que más vende es la de la eterna juventud, se encumbra a jóvenes como ídolos mientras son bellos y tienen algún potencial talento en lugar de encumbrar al que ya lo ha demostrado tenga la edad que tenga.

Vivimos en una confusión de hermosas apariencias donde sólo queda claro que la estética más superficial es lo importante. La profundidad de una persona, el talento inaudito sólo es un aderezo a lo más importante, la estética.

 Nos relacionamos como adolescentes pero peor puesto que el adolescente al menos lo hace con inocencia, nosotros nos autoengañamos por vicio, somos hipócritas por costumbre, nos vestimos de educación o de cinismo la rabia que tenemos contra el mundo por habernos hecho tan fatuos y contra nosotros por haberlo permitido.

Antes de nada tenemos que aclarar qué es la adolescencia. La adolescencia pues es la fasetumblr_o7h8x87Kdv1v7c0i8o1_500 entre la niñez y la adultez en la que se dan los cambios fisiológicos que nos preparan para la perpetuación de la especie. El adolescente empieza a tener una revolución interna, en todos los sentidos, empiezan a plantearse su sexualidad, quiénes son, su orientación política, tiene que pasar por diversos duelos, el del cuerpo infantil, el de la superioridad paternal, empezarán a dudar de sus padres, los padres ya no serán los que todo lo sepan, sino esos viejos que no entienden lo que les pasa.  Sin embargo, esta rebeldía del adolescente es el germen para que la sociedad avance y no quede estancada, y no se puede avanzar sin cuestionar lo viejo. Para que el adolescente cree nuevas ideas, se sumerge en su mundo, se ausenta, sueña, divaga y termina creando su propio estilo. En el arte normalmente el artista adolescente es un esbozo, una promesa de lo que puede llegar a hacer en plena madurez.

En todas las culturas el adolescente tenía que pasar por un rito que le descubriría su identididad y era como un puente hacia la siguiente fase de la vida, la adultez. Hoy en día lo más parecido a eso quizá sea el viaje de fin de curso y la selectividad, y lo último lo van a quitar. Fuera de bromas, hoy en día no hay ningún rito de paso, no hay nada que ayude al adolescente a saber quién narices es, qué se le da bien y qué quiere hacer en el mundo. Este gravísimo erros nos conduce a una constante e infructuosa búsqueda manteniéndonos en un estado de eterna adolescencia, bueno, lo de eterna es una hipérbole. Esto es lo que nos lleva a ver a gente que se niega a aceptar su responsabilidad.

Hay quien dice que la longevidad ha hecho que la adolescencia se extienda en el tiempo, incluso alegan que la situación económica actual donde los jóvenes tienen serias dificultades para emanciparse ha provocado que la ad . Pero eso no explica por qué hay también mucha gente de cincuenta años, independizada, que se comporta como adolescentes en el sentido de que no aspira a nada más que a cubrir sus necesidades básicas sin tomar partido en la realidad político-social de su entorno o justificar su falta de ella. No la justifica porque ni siquiera ha pensado sobre ello o por qué no quiere hacer un mayor sacrificio. Sin embargo luego se quejarán de que su vida carece de sentido. Tampoco lo justifica el que los jóvenes vivan con los padres pues siempre han habido culturas donde los hijos no han abandonado la casa de los padres o han construido sus casas entorno a ella sin por ello aceptar que ya son adultos. Hoy en día sencillamente los jóvenes y los no tan jóvenes queremos vivir cómodamente, y ser adultos con todas sus consecuencias implica pasarlo mal.

Antiguamente cuando los jóvenes se independizaban sabían que iban a pasarlo mal económicamente durante años pero lo asumían como parte de su independencia como adultos. Pero estas  generaciones, que han crecido con padres hiper-protectores en la mayoría de los casos, padres que no les han enseñado a ser independientes y autosuficientes pero sí egoístas y exigentes de todo tipo de placeres ¿cómo vamos a abandonar la adolescencia y ?

 El adolescente necesita un maestro, un guía, rechaza a sus padres y al pasado pero a su vez necesita de maestros de quiénes aprender, necesita que el pasado le haga florecer y dar frutos. Pero si sus mayores son frívolos y no creen en el sacrificio para ser seres humanos maduros más que en el de trabajar ocho horas de lunes a viernes porque es lo que hay ¿qué va a aprender si no es pura frivolidad y sumisión?

Los padres y los maestros, deben guiar a los chicos hacia los páramos de la edad adulta, pero nos encontramos con que los guías nos dicen “Haz lo que más te guste”  a la hora de elegir nuestra profesión, “Haz  que te diga el corazón” a la hora de buscar el amor, nos lanzan a hacer elecciones vitales como quién va a una ciudad rusa sin ningún mapa ni diccionario. Es obvio que el joven debe aprender mediante el ensayo y el error muchas veces, pero nunca viene mal un adulto sabio que nos advierta y nos haga reflexionar sobre nuestras decisiones y esto  ya sólo lo encontramos en algunos libros.

Desde luego que pocos padres les dirán en el presente lo que Kipling le dijo a su hijo:

“Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice “¡Continuad!”.

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.”

Eso es ser adulto. Pero hoy en día se relaciona ser  adulto con ser responsable, serio, aburrido, gris, rancio, no sabemos cómo compatibilizar el ser divertido y ser adulto con la responsabilidad de uno mismo y de sus relaciones con el mundo. La diversión es cierto que enraíza en el juego, ¿pero quién ha dicho que el juego sólo es propiedad de la infancia? El juego es un modo de divertirnos y de aprender que podemos usar a lo largo de nuestra vida sin que ello implique que seamos irresponsables y  despreocupados.

Una vez le oí decir a un amigo de treinta años “Yo ya he disfrutado de joven ahora me toca trabajar y tener familia”, ese es el pensamiento contra el que lucha el eterno adolescente pero de una forma infantil e inofensiva.

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Se puede ser divertido y adulto ¿eh?

 

Las relaciones con los demás se ven mermadas por nuestro individualismo, un individualismo que lo he visto hasta en gente que va de espiritual y está en grupos budistas o en jóvenes que supuestamente quieren cambiar el mundo y hacen denuncia socia. ¿Cómo vamos a cambiar el mundo si somos incapaces de entablar lazos profundos con el sacrifico que supone fuera de nuestro círculo familiar?

Salvo los buenos libros, nadie nos dice que ser adulto es, una vez descubierto quién somos y qué queremos hacer con lo que somos, es llevar un proyecto a cabo, alcanzar la sabiduría que no es acumular conocimiento sino aprehender de ello.

Y esto requiere la valentía y el esfuerzo diario, a cada segundo, en acto y no sólo teórico de trascender el ego y hacer siendo los adultos que somos que nuestra sociedad pase de la adolescencia a la edad adulta.

Si no hacemos esto, nuestra maduración se verá contaminada de sentimientos de fracaso, pues el éxito de nuestro desarrollo humano no está en tener o no tener, sino en saber crecer. El sentimiento de fracaso en el desarrollo quico en algunos casos conduce a la pedofilia, pues el adulto ha quedado anclado en sus primeras etapas, idealiza aquellos tiempos en los que era joven, alegre e inocente y necesita experimentarlo de nuevo haciendo suyo lo que no es.

Ser anciano hoy en día está tan despreciado que pensarnos en esa etapa nos horroriza, ya no escuchamos las historias y reflexiones de los ancianos, damos por hecho que no razonan bien y los aislamos de nuestra vida, y es así como la sabiduría queda atrapada en los ojos perdidos del sentimiento de inutilidad a la espera de la muerte. Sin embargo, todos sabemos que no siempre fue así, que en las sociedades antiguas, con todos sus defectos, el líder jamás era el adolescente, sino los ancianos sabios que se servían de la fuerza de la juventud para llevar a cabo lo que la experiencia y la transmisión de la sabiduría les había enseñado.

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No seamos lo que sólo los más pesimistas llegaron a soñar, seamos adultos conservando lo mejor de cada edad.